Friday, October 30, 2020

Como "evangelizaba" Jesús

 

¿Cómo evangelizaba Jesús?

Sabemos que Él murió por nosotros en la cruz, resucitó al tercer día, comisionó a sus discípulos y envió al Consolador para la magna tarea; pero ¿qué estrategias usó para cumplir con lo dispuesto por El Padre? He aquí algunos apuntes que nos pueden ser de utilidad si es que anhelamos seguir su ejemplo

 

  1. El tenía un mensaje claro y definido (Mt.1:17) Su predicación contenía dos elementos esenciales: El arrepentimiento y el Reino de los cielos, y estos elementos estaban siempre presentes en todos sus mensajes. Nunca cambió o comprometió estos principios fundamentales, aunque sí varió la forma de presentarlos según la ocasión y el tipo de persona a la cual se dirigía. El era siempre auténtico y creativo para presentar el mensaje.
  2. El tenía un objetivo determinado y preciso (Lc.19:10) El sabía cuál era su misión. El tenía una meta definida y nunca dejó que nada ni nadie lo distrajera del rumbo que se había trazado. Desde su nacimiento llevaba la marca de la gran tarea que habría de cumplir, y esta fue la gran motivación de su corazón (Mt.1:21; Jn.6:38-40). Todas sus acciones estaban gobernadas y subordinadas a su conciencia mesiánica. Nunca fue ambiguo ni dubitativo, pues él sabía adonde quería llegar, y siempre apuntó en esa dirección.
  3. El conocía la naturaleza humana (Jn.2:23-25) El podía ver lo que había en el corazón de los hombres, y sabía quien lo seguía por interés personal y quien era sincero, así como era consciente del sufrimiento de las personas que lo rodeaban. El sabía como llegar al corazón de las personas. Sus conversaciones nunca fueron superficiales, sino más bien profundas, y sus palabras estaban destinadas a tocar las fibras más íntimas del alma humana.
  4. El fue intensamente idóneo (Jn.10:11-15) Era el hombre adecuado para cada ocasión y cada persona. El grandioso hecho de su encarnación, lo había constituido en el hombre enviado para todo el género humano, es decir el único hombre que podía obrar a favor de sus congéneres trayéndoles la salvación. El no solo era el portador del mensaje de las buenas nuevas, sino, el mensajero, la salvación personalizada, el salvador de todos los hombres, el Mesías.
  5. El fue siempre fue un confrontador (Jn.4:15-18) Siempre fue directo, siempre logró que la persona asumiera su propia responsabilidad, es decir, confrontaba a las personas con su propio pecado. No promovió ni dio lugar a las excusas o a la autojustificación del pecador, sin embargo, era muy sensible y cuidadoso, nunca fue brusco con nadie. Tenía la capacidad de encontrar el momento preciso para señalarle al pecador el camino para encontrarse con su pecado.
  6. El nunca consideró los supuestos como hechos (Mr.10:46-52) El examinaba los hechos, contemplaba a la gente, esperaba que éstas se manifestaran, les hacía preguntas, en algunas ocasiones se mantenía en silencio, en otras les respondía con otra pregunta. Sus palabras no eran las mismas para todos; él conducía las cosas de tal forma, que quedara al descubierto la realidad de los hechos. Siempre llegó al fondo de todo asunto, al corazón de la verdad. El no prejuzgaba, mas bien juzgaba (Jn.8.15, 16).
  7. El nunca trabajaba solo (Jn.5:19) Jesús siempre obró en total sujeción y armonía con su Padre celestial, nunca se presentó como un “free lance”, siempre fue muy cuidadoso de hacer referencia a la sumisión a su Padre (Jn.7:15-18) El sabía trabajar en equipo; es por eso que llamó doce hombres para realizar la misión, con quienes trabajó “hombro a hombro” (Mt.9:35-10:15).
  8. El sabía organizar bien su tiempo (Jn.9:4) Nunca se permitió el lujo de desperdiciar ni un solo minuto de su vida, toda su vida estaba sujeta a la misión que tenía que cumplir, y en base a ésta, organizaba su horario, Nunca hizo nada de más, ni tampoco nada de menos, todo lo hizo en su tiempo, y nunca postergaba las cosas (Jn.4:35)
  9. El fue siempre guiado por el Espíritu Santo (Lc.4:1, 14 - 21; He.9:13,14) Toda obra que Jesús realizaba la hacía en virtud del poder del Espíritu Santo que moraba en él, por eso recibió el nombre de el Cristo, que significa el Ungido (Mesías). Por esta razón, Jesús fue siempre creativo, innovador, nunca rutinario ni estructurado a patrones religiosos, aunque al mismo tiempo fue un celoso cumplidor de la ley (Mt.5:17-20)
  10. El fue siempre motivado por el amor (Mr.10:21) El amaba a todos los que venían a él, y aún a los que le rechazaban. Enseñó sobre el amor, explicando que, la base de la vida, era el amor a Dios y el amor al prójimo. Vivió como jamás nadie podría haberlo hecho, la experiencia del amor verdadero, al entregarse por los suyos (Jn.13:1; 15:9, 10)
  11. Su misión la llevó a cabo haciendo discípulos (Mt.9:35 – 10:4; Jn. 17:4-10) Su misión consistió en discipular, y a esa tarea consagró todo su tiempo. El predicaba el evangelio del reino de Dios, sanaba a los enfermos, expulsaba demonios, asistía a los hambrientos y necesitados, predicaba en las sinagogas atendía a las multitudes; pero a sus discípulos en particular los instruía en detalle, tuvo una estrecha relación con ellos en el día a día; les explicaba las Escrituras, les hablaba de la vida en todos sus aspectos, los comisionaba a anunciar el reino. Resulta claro que el centro, objeto y prioridad de su enseñanza fueron sus discípulos,(Mr 3:13-19; 4:34) las multitudes eran bendecidas en segundo lugar, es decir, como consecuencia de lo anterior. 
  1. El ha ordenado a sus discípulos hacer lo mismo que Él hizo hasta el fin de los tiempos ( Mt. 28:16-20)

Su mandato, llamado también “la gran comisión” no ha cambiado, sigue siendo el mismo. Ahora se habla mucho de misiones, y gracias a Dios estas han ido en aumento y se está llegando a naciones remotas que nunca antes habían escuchado el evangelio; sin embargo, producto de la reflexión y el anhelo de agradar al Señor, siendo fieles al modelo que nos ha sido mostrado en Cristo el Autor y Consumador de la fe, es imperativo cuestionarse si la iglesia del Señor ha entendido en qué consiste la misión de Jesús y cómo debe realizarse, constituyendo esto una tarea pendiente. 

 

Oswaldo Aguirre Wilson

Email: wordexpounder@aol.co.uk    ozzywil@gmail.com 

Phone: 51 947 044 485

 

 

The law is fulfilled

Monday, January 07, 2019

Ofrezcamos a Jesús el tesoro de nuestra vida

             

                                                                                                                                                                                                                                        El relato a continuación es un extracto del capítulo 2 de Mateo en el que se narra la visita de los sabios del oriente al niño Jesús:

Luego Herodes llamó en secreto a los sabios y se enteró por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Los envió a Belén y les dijo:
—Vayan e infórmense bien de ese niño y, tan pronto como lo encuentren, avísenme para que yo también vaya y lo adore.
Después de oír al rey, siguieron su camino, y sucedió que la estrella que habían visto levantarse iba delante de ellos hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella, se llenaron de alegría. 11 Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre; y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le presentaron como regalos oro, incienso y mirra. 12 Entonces, advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.                                     
¿Quiénes eran estos misteriosos personajes? la palabra magoi, que algunas versiones han traducido como magos, eran realmente una especie de sacerdotes y a la vez conocedores de diversas disciplinas, entre ellas, la astronomía; se cree que muy probablemente vinieron de Persia y que tuvieron conocimiento de las profecías mesiánicas. Pero, el tema importante en esta disertación, no es la identidad de estos sabios, sino, lo que hicieron al encontrar al bebé Yeshua (Jesús en hebreo) rey de los judíos. El documento bíblico es muy claro y directo: se postraron y lo adoraron para luego poner a sus pies los costosísimos regalos que habían traído desde muy lejos. Notemos que ellos ya le habían anticipado el propósito de su venida al monarca reinante, sin ser conscientes de lo inapropiada y a la vez riesgosa que resultaba su visita, ya que estaban dando a conocer el nacimiento del verdadero rey de Israel, una amenaza para la permanencia del rey impostor de sangre pagana y lacayo de Roma, Herodes.      Llama también poderosamente la atención, la reacción de estos sabios estudiosos de los astros, al ver a la estrella largamente esperada, el texto bíblico dice que se llenaron de alegría; "saltaron de júbilo" es otra traducción posible, y no era para menos, ¡cómo no iban a estar eufóricos, si hasta el mismo cosmos anunciaba la venida del Ungido de Dios! y ellos lo venían esperando hacía mucho tiempo, seguramente más que muchos auténticos israelitas. 
Pero ¡cómo han cambiado las cosas! ahora casi nadie se acuerda del Cristo de Dios, parece que prefiriéramos quedarnos con el Herodes del consumismo y del materialismo, con el Herodes del exceso y el despilfarro, de la voluptuosidad y desenfreno, de la superficialidad y de la juerga. ¡Cómo se ha paganizado la fiesta navideña!
Estos magos del oriente, que ni fueron necesariamente tres, quizás, un número mayor sin contar con sus sirvientes, no se acobardaron a la sola idea de viajar por casi 900 kilómetros en sus camellos por caminos peligrosos, tampoco les importó a estos respetados hombres, el no ser parte del pueblo elegido de Dios; más bien arriesgaron sus propias vidas al exponerse al sanguinario y falso rey vigente; Igualmente no escatimaron en invertir, no solo en el larguísimo viaje, sino que compraron presentes de altísimo valor, que según los eruditos de la historia, solo se le podían obsequiar a un rey verdadero, a saber, a un legítimo descendiente de la realeza y heredero del trono. Ellos ya habían identificado al rey de gloria y querían adorarle, por eso se postraron, rostro en tierra, demostrando una sumisión total al que venía en el nombre del Señor, al hijo de David, y le dieron toda la riqueza que trajeron en sus cofres, oro, incienso y mirra.
¿Quién le regala algo a Jesús ahora? ¿qué le vas a regalar tú?, ¿qué le vamos a ofrecer nosotros?
Él es el rey, no solo de Israel, sino de todas las naciones, de toda la humanidad, de todo hombre y mujer, no importando su procedencia ni su posición, de todo aquel que se postre a sus pies y lo reconozca como su rey. El espera que, al igual que los magos, nos postremos y le ofrezcamos nuestras vidas. No le pongamos condiciones como muchos de nosotros hacemos. Pretendemos "negociar" con nuestra vida presente y con el destino eterno de nuestras almas, le pedimos y hasta exigimos que nos conceda ciertas cosas a cambio de servirle o hacer algo por Él, ¡inconcebible pero tristemente cierto!
Qué Dios nos libre del espíritu pagano y asesino de Herodes, o sea, de esa tendencia que todos tenemos, ¿cuál tendencia? preguntamos; pues la de entronizarnos gobernando nuestro propio ego, usurpando el lugar que le corresponde solo a Jesús, quien es Rey y Salvador nuestro, rechazando y negando toda posibilidad de que Él ocupe el trono que legítimamente le pertenece al haber pagado por nuestras culpas y rebeliones en la cruz del Calvario. Entreguémosle pues al Señor nuestras vidas para que Él las dirija a hacer siempre la voluntad de Dios.
Oz


Tuesday, June 14, 2011